
Los galgos y las liebres de San Baudelio
31.03.2026
San Baudelio de Berlanga es un asombroso templo mozárabe tardío, cerca de Casillas, Soria. del siglo XI, razón por la cual hay investigadores que no lo consideran mozárabe. Yo no creo que un estilo deba encasillarse en una cronología estricta. Os transmito mi impresión personal, después de ver el monumento y leer al respecto las obras de Martí Gironell, José María Sadia y otros muy buenos. Para los detalles técnicos y objetivos y los puntos de vista más comúnmente aceptados podéis consultar a Hal.
Da la sensación de que la comunidad que creó el monumento quería mantenerse apartada tanto de los cristianos como de los musulmanes para practicar su propio culto, seguramente muy distinto al que imaginamos: un culto monástico en el que los fieles laicos eran solo invitados que seguían a los iniciados monjes y videntes. No lejos de San Baudelio se encuentra otro discutidísimo edificio religioso: Quintanilla de las viñas. Tengo unas sensaciones similares.
El edificio es un cubo de piedra hermético, sin apenas aberturas. El interior es extrañamente grácil, dominado por un pilar en forma de palmera y una tribuna alzada sobre un bosquecillo de columnas como una mini mezquita. En una de mis visitas fui acompañado de M y de C. los dos músicos. Batieron palmas, intuyeron el valor de la acústica y la sonoridad de aquel espacio en distintas zonas. La tribuna y su altura no son casuales desde esa consideración. Tampoco es casual que apenas entre la luz externa, es como una caverna.
De las maravillosas pinturas quedan los restos que dejó el “strappo”. En las escenas del registro bajo se representa el mundo natural con alegorías y fábulas. Este registro ha desaparecido en la mayor parte de los frescos románicos conservados, pero debía de ser común. Por encima discurre la historia sagrada y la visión celestial que lo domina todo. Recién pintado con esos colores tan vivos y sin embargo tan bien matizados y combinados se mostraba en plenitud al fiel asombrado. El color es vida. Al asistir a las ceremonias y cantos, el fiel entraba en una dimensión diferente.
En San Baudelio se unía la visión trascendental con el existir y el existir dejaba de ser algo ordinario. Hay un propósito similar aún latente en las cuevas prehistóricas: una escenificación, un teatro con las pinturas animadas por las lámparas, los cantos y los ritos que allí se celebraban. Los oferentes y oficiantes entraban en comunión con los asistentes. La ermita se alza sobre la cueva que habitó en el siglo IV el eremita Baudelio.
La escena del cazador y los galgos es una metáfora religiosa: los galgos son los que olisquean, vislumbran, rastrean y persiguen la verdad: las huidizas liebres. Los galgos son los místicos y profetas que asisten a lo que se revela, y no solo ellos, también los que descubren el valor de las cosas. Los cazadores llegan detrás de ellos, pero no aciertan a ver a las liebres, son incapaces de acceder a la verdad por sí mismos. Se trata de los fieles en general. Los que se conforman con creer. Puede que el perfecto fiel se encuentre representado en la imagen del camello. Tomo nota.
En esas estamos todos en cualquier terreno. Descubrir el valor intrínseco de algo no está al alcance de todos, hace falta un olfato, una vista y hasta una anatomía especial como la de los galgos que van tras las liebres en una carrera que es casi vuelo.
Se ha tratado mal a los galgos, hasta no hace tanto, parece una eternidad, se les ahorcaba una vez cumplida su función en estas mismas benditas tierras en las que predomina el cielo y en las que se erigen ermitas. Hoy en día parece que por fin se ha descubierto su belleza y el calor de su mirada limpia, conmovedora, ojos para ver de lejos.
Se trata mal, igualmente, a los galgos humanos, esos que también tienen ojos para ver de lejos y que descubren y llegan primero a algo intrínsecamente valioso, se les desprecia, señalada una pieza son apartados por los cazadores y los que cuentan la historia a su modo.
He aquí un relato con tintes cinematográficos sobre galgos y cazadores:
La búsqueda
El primero de los galgos es un humilde profesor de literatura de Alicante, (humilde es un adjetivo por defecto que conviene dar a todos los profesores abnegados, por debajo del rango universitario y honestos dispensadores de saber marginal, con excepción de grandes como el inspirado Machado, o héroes de cine a su vez literarios e inspiradores como John Keating). A principios del siglo XX llama la atención sobre este notable monumento y sus pinturas a un miembro de la Comisión de Excavaciones de Numancia del que sí que nos queda su nombre: Teodoro Ramírez, hemos subido un peldaño. Del hallazgo se informa a José Ramón Mélide y a Manuel Anibal Álvarez, gente de aún más arriba, arqueólogos y autoridades competentes, los cuales visitan la ermita en agosto de 1907 y preparan un memorándum para que sea declarada monumento histórico-artístico, un documento muy peligroso, como se verá a continuación.
Y es que nunca se sabe quién se toma la molestia de leer los libros y los documentos y el que lo hace siempre tiene la ventaja. Por otra parte, es raro tanto amor al legajo árido sin la perspectiva de una ganancia sólida: en el Archivo de Indias en Sevilla seguramente hay más buscadores de tesoros que eruditos amantes del saber. Arthur Byrne, el agente secreto de Hearst Ciudadano Kane, era de estos. La alternativa próxima es que haya un interés político, subvención mediante. Tengo en mente el caso de un experto documentalista amigo de un querido amigo que me contó el caso, al que encontraron muerto en acto de servicio ante una mesa del Archivo Nacional de Cataluña. Desde luego, no hay aventura que no empiece en una biblioteca. Y, a veces, acaba allí mismo y no demasiado bien.
Los villanos
En 1922 León Levi, el supervillano de la historia y el primero de los cazadores, se lee el documento. Los supervillanos suelen poseer todas aquellas cualidades que les dan la ventaja, entre ellas la curiosidad, la erudición, la paciencia la sensibilidad estética, la voluntad, la capacidad para planificar y la audacia que les faltan a los buenos, por lo común unos cenutrios bienintencionados inicialmente (lo cual suele significar que cuentan con algún tipo de superioridad moral de la que nunca dudan, cuestión de fe) y que han de aprender de aquellos para llegar a ser los verdaderos héroes y superhéroes de las pelis, como se verá en páginas sucesivas. Otra característica de los supervillanos o, incluso de los más modestitos villanos es que no se meten con los más débiles, eso es cosa de vulgares maleantes, sino con los de su tamaño o superior utilizando para ello su astucia y talento. También están entre los objetivos posibles aquellos sujetos particularmente desagradables que afean el mundo innecesariamente y que no es raro que estén protegidos por el sistema, o sean la encarnación del sistema. En estas situaciones es cuando los villanos se tornan justicieros. Es un ejercicio de subversión.
Al socaire de lo anterior, sugiero que los futuros villanos de la saga Bond se recluten entre los 007 salientes o, aún mejor, entre los ex presidentes ociosos que están por ahí sin saber que hacer, enredando y, probablemente, metiéndose en líos. Resultarían muy convincentes. La malicia ganada por la experiencia de la condición humana es muy útil si se equilibra con sabiduría, aunque esto es más difícil. Desde luego, estamos obligados a hacer balance de nosotros mismos constantemente.
Los hombres monumento
León Levi, erudito, intermediario y conseguidor, tenía como cómplices al franco norteamericano Gabriel Dereppe y al anticuario y galerista internacional Georges Joseph Donette. No está claro si esta vez estaba detrás la larga mano de Randolph “Ciudadano Kane” Hearst, otro supervillano en la materia que nos ocupa, no sé si ya estaba en edad de merecer, pero es probable dada la inversión considerable que requería la operación prevista, incluyendo un apartado especial para allanar sensibilidades atávicas y prejuicios injustificados; o bien, estaba aprendiendo de lo que veía. Ciertamente, Hearst fue un gran dilettante que no malgastó su ocio y caudales persiguiendo lolitas en alguna isla del amor donde se celebran estos y otros rituales de casta superior, y que, de paso, puso los cimientos de la industria del expolio internacional del patrimonio, que ha perfeccionado sus métodos considerablemente desde entonces.
Nuestros hombres, les llamaremos equipo, no se tenían por delincuentes, claro está, sino por soldados salvadores del patrimonio, unos auténticos “hombres monumento” de la época, y en aquellas circunstancias no les faltaba razón ciertamente. Compartían conmigo la opinión romántica de que el arte pertenece de corazón a aquellos que lo aprecian y valoran por encima de los que lo poseen en sentido material. Pero ellos estaban dispuestos a la acción. Por ello, Eric el Belga se consideraba a sí mismo décadas después, una especie de rambo.
Se lo pusieron fácil al equipo: resultó que el propietario de la ermita era el pueblo de Casillas, al que se propusieron sobornar con 50.000 pts. y ante los titubeos, con 65.000, una auténtica fortuna para la época, que zanjaron la cuestión.
Todos a la cárcel
Esto, amigos, a la par que el clásico de argumento esperpéntico de Berlanga, me refiero aquí al director, no al monumento expoliado, es como un western y ahora aparece el sheriff. El capitán de la Guardia Civil Palomo, llegado del Burgo de Osma, descubrió los trasiegos intempestivos en la ermita, la cerró y se llevó detenido a todo el mundo. Luego se puso a investigar él solito y dejó los antecedentes y las conclusiones provisionales en manos del juez del Burgo, que también era honrado. El juez procesó a todos: a León Levi y cómplices, al registrador de la propiedad y a los vecinos de Casillas. Parecido a Fuenteovejuna, pero al revés.
El abogado del diablo
León Levi se hizo cargo de su propia defensa y pronunció el siguiente discurso “urbi et orbi”:
“¿Quieren decirme todos los hombres sensatos si debe consentirse que se destruyan estas joyas sin beneficio alguno para el país o para el mundo entero, ya que el arte es internacional y jamás el privilegio de un país solo?”
El que no esté de acuerdo con tales palabras, y no se emocione, dando por excluidos a los endurecidos ultramontanos de barricada, que tire la primera piedra. Levi debía creer firmemente en tales argumentos para resultar convincente. Una actuación de cine.
Algunos de arriba, entre los que estaba el mismísimo Tribunal Supremo, seguramente iluminados por el discurso, y con los ojos aún húmedos, intervinieron y se ordenó el sobreseimiento del caso. La Comisión de Monumentos ni se enteró y en 1923 pasaron los plazos. Todo un clásico.
Hay que decir también que entre tanto tira y afloja aparecieron representantes del Museo de Arte de Cataluña a pescar en coto ajeno, haciendo sus propias ofertas. Lo que hubiera sido un mal menor. Un bien, bajo mi punto de vista, puesto que eran los mejores expertos en arte Románico, y ya curtidos en lides de rescatadores como explicaré en la siguiente entrada.
Después de las estrellas conviene hablar algo de los extras y especialistas. Los galgos que levantan primero la caza. Aquí tenéis una lista nada exhaustiva de algunos que descubrieron y preservaron tesoros del tiempo que el mundo admira sin preguntarse quien se los ofreció realmente, o quien los salvó. No lo hicieron desde despachos académicos y casi nunca con apoyo. Empeñaron en tales empresas esfuerzo, vida y patrimonio. Algunos son conocidos, incluso principescos, otros, la mayoría no o aún no. Nadie les dio las gracias. Lo hicieron con generosidad, por pasión. Ellos supieron ver y escuchar en primer lugar.
Marcelino de Sautuola
Agustín Lizárraga
María Rieche
Javier Cortés Álvarez de Miranda
Rogelio de Inchaurrandieta
Miguel Ángel García Guinea
Emile d’Erlanger
Joseph Gibert Clols
Miguel Martín Fdez. de Velasco
Johanna van Gogh Bonger
Ana Amalia de Prusia.
Alguno de los cuales he tenido el honor de conocer e incluso de ayudar.
A continuación, llega su némesis: los galgos se llevan la caza.
